
El concierto de Jorge Drexler ha sido uno de los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida. El Teatro Caupolicán estaba completamente repleto, 4 mil personas esperando a Jorge Drexler. Los teloneros en ésta oportunidad fueron Nano Stern y Paulinho Moska que tocaron cuatro temas (vale la pena darse un tiempo para escuchar a estos músicos). A las 21:00 hrs. entró Jorge Drexler a escena. El escenario vacío lo llenaba la presencia de Drexler, su voz y su guitarra. Un deleite escuchar esas canciones tan llenas de poesía, significado y ese particular juego rítmico que aportan los efectos sonoros producidos por sus dos técnicos. En muchas de las canciones, la voz de Drexler se multiplica con efectos tan bien logrados, que dan cuenta de la forma de experimentar con los sonidos y la música que tiene este cantautor. Lo curioso es que los que estábamos en el concierto descubrimos que Jorge Drexler tiene un humor muy especial. Señaló en una oportunidad que como el teatro era tan grande y muchas veces el público aplaudía en la mitad de una canción, él se distraía. Entonces hizo que el público practicara con el chasquido de los dedos. Impresionantemente agregó un nuevo instrumento sonoro que estaba siendo ejecutado por todos nosotros. El dialogo que se instauro entre Drexler y el público parecía una conversación entre viejos amigos. Él muy seriamente contaba alguna vivencia, con ese maravilloso manejo de la palabra que tiene, con mucha espontaneidad alguien sentado en la galería le gritaba algo y el público reía. El concierto estuvo lleno de esos momentos. Pienso que Drexler se sentía a gusto en ese escenario y todos los que estábamos ahí no queríamos que el concierto terminara. El concierto duró dos horas y veinte minutos. Drexler se despidió tres veces del escenario y cuando ya se había ido la mitad del público volvió con una copa de vino y canto, sin siquiera tener luces en el escenario (sólo estaba esa luz blanca que colocan cuando se acaba el concierto). Drexler quería disfrutar ese momento y yo que ya estaba casi saliendo del teatro, me quedé parada escuchándolo por última vez. Vale la pena escucharlo en cualquier momento y circunstancia. Lo que más me gusto fue conocer ese otro lado de Drexler, ese que nos hizo reír a todos.
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